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Fecha
publicación
29 marzo 2006 |
Agustín Villanueva Pazos
Profesor de Economía Aplicada
de la Universidad Miguel
Hernández (UMH)
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PODER,
CORRUPCIÓN Y DILAPIDACIÓN
Llevo ocho años
seguidos casi viviendo en una maravillosa Orihuela, mi cariño a
esa bella y monumental ciudad no tiene límites, pero unos
acontecimientos, que casi vienen del advenimiento de la
democracia, me hacen “llorar” con los Marques de Rafal, Joaquín
Agrasot, el cardenal Desprades, el
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arzobispo Loaces, Miguel Hernández,... por todo lo que
está pasando allí. ¡Qué ha hecho Orihuela para merecerse
esto?, pero “eto que é”. En definitiva esto es
corrupción, imputación de malos propósitos, imputación
de mala condición, imputación de inconsecuencia,
imputación de vínculos sospechosos, imputación en la
identidad de nombre, o sea, el Ad Odium de
Bentham. Pero aquí, son obras, facturas, subvenciones,
pagos, empresarios, denuncias,... En el diccionario de
los políticos Amat al hablar de la palabra corrupción
nos dice: “Epidemia contagiosa que hace estragos
horrorosos en el país de la empleomanía. Los
periódicos en su parte sanitario anuncian con frecuencia
la marcha al extranjero, con objeto de mudar de aires,
de algún depositario de fondos públicos, atacado
mortalmente de esa enfermedad, la conducción al lazareto
del Saladero de otro empleado invadido y socorrido a
tiempo, y una porción de casos semejantes que tienen
alarmada a todas horas a la sociedad”.
Cuál es el problema, realmente creo que es lo que
explicaba muy bien el maestro Julián Marías: el hecho de que se vote un partido,
no a personas, y tal como el partido dispone, en un orden que determina el
resultado y sin posibilidad siquiera de supresión, es ya una corrupción de la
democracia. Pero no hay que olvidarse que en cualquier forma de gobierno, el
verdadero legislador es el pueblo. ¿A quién pedir responsabilidades? ¿a las
personas? ¿a los Partidos? ¿Al Box que los elige? Nosotros no hemos votado a
nuestros gobernantes, hemos votado (bueno, el que vota) a unos partidos, por
ello en Orihuela deben los partidos hacer dimitir a todos. El PP son dos pepes,
el PSOE son dos psoes, el CL no es de centro ni liberal,.. Que dimitan, que
devuelvan el acta, que no son de ellos, es de los partidos, ustedes solo son una
lista, y ahora son un problema, y sobre todo para Orihuela. El combate político
se desarrolla solamente en el terreno del triste espectáculo. Orihuela no pude
soportar unos comportamientos políticos de cesarismos, carismas, populismos y
demás (sobre todo de demás) muy impropios de de un pueblo vertebrado y moderno.
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Herodoto hace decir a Otanes, en su famoso discurso
sobre la democracia, que “incluso el mejor de los hombres
elevado a tal posición (de poder irresponsable),
irremediablemente se cambiaría en el peor de los hombres”; John
Milton considera posible que la larga continuidad en el poder
corrompa al más sincero de los hombres; Montesquieu afirma que
la constante experiencia demuestra que todos los hombres
investidos de poder son capaces de abusar de él y de hacer valer
su autoridad tanto como puedan; James Madison escribe que todo
el poder en manos humanas es susceptible de ser abusivo y que el
poder, dondequiera que se encuentre, es más o menos susceptible
de abuso; Groucho Marx en sus citas y frases escribía: sólo hay
una forma de saber si un hombre es honesto: preguntárselo. Y si
responde que “si”, entonces sabes que es corrupto. Y también
Groucho decía que la política es el arte de buscar problemas,
encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los
remedios equivocados.
Nuestros alumnos de Ciencias Políticas saben muy bien
la gran diferencia que existe entre las aristocracias y las
democracias. En los Estados aristocráticos los gobernantes son
poco accesibles a la corrupción y sólo tienen un gusto muy
moderado por el dinero, mientras que en los pueblos democráticos
sucede todo lo contrario. De esta diferencia, como diría
Tocqueville, resulta que en las democracias la corrupción se
ejerce más bien sobre los gobernantes y en las aristocracias
sobre los gobernados. En unas se corrompe a los funcionarios
públicos; en las otras, al pueblo mismo. Cuando Tocqueville
habla de corrupción y dilapidación hace la siguiente distinción:
Hay corrupción cuando se intenta conseguir una cosa indebida
interesando al que da; hay corrupción en el candidato que paga
los votos de los electores; hay corrupción en el particular que
obtiene un favor del funcionario pagándole con dinero. Pero
cuando los funcionarios sacan dinero del tesoro del estado para
su propio provecho no hay corrupción, hay robo. La esencia de la
democracia consiste en no obedecer a ningún amo fuera de la Ley.
Pero la política muchas veces es el arte de inculpar al inocente
y de premiar al culpable. La política debe ser el lugar donde
los ciudadanos opinan, participan y deciden; y el fin del poder
político es la libertad.
Dennis F. Thompson escribía que la política dice sed,
pues, astutos como serpientes, pero la moral añade una condición
limitante, es inocentes como palomas. Kant piensa que serpientes
y palomas pueden coexistir y que además predominan las palomas.
Pero un filósofo más realista diría: si, serpientes y palomas
pueden yacer juntas, pero las palomas no conciliarán el sueño.
El bien del Estado exige “algo que se parece al vicio”, en
cambio es posible que algo “que se parece a la virtud” ocasione
ruina. Desde esta perspectiva, la moral política justifica
plenamente la inmoralidad (aparente) de los medios requeridos
para alcanzar los fines propuestos por el estado. Cuando el acto
acusa, el resultado excusa.
Todo se verá, todo se sabrá, pero lo que la lógica
sugiera, la historia lo verifica. Como escribía el poeta alemán
Busch, dos y dos son cuatro, es verdad, pero esto es demasiado
vacuo, demasiado trillado. Lo que busco es una clave para
cuestiones que no son tan sencillas. En la duda siempre, con el
magnifico fiscal Felipe Briones. Porque nuestra fe en la
libertad no descansa en los resultados previsibles en
circunstancias especiales, sino en la creencia de que, en fin de
cuenta, dejará libres para el bien más fuerzas que para el mal.
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