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También tengo muy claro que, con independencia de las
responsabilidades jurídicas que en el futuro puedan derivarse de
las actuaciones judiciales que se están practicando, la
principal responsabilidad política es del Sr. Medina, que ya
debería haber presentado la dimisión; y, como no lo hace, del
Sr. Camps, que es quien tendría que aplicar los estatutos y el
código ético del PP. Es de todo punto inadmisible perpetuar un
Ayuntamiento presidido, según las denuncias del fiscal
anticorrupción, por prácticas políticas totalmente alejadas de
la legitimidad, sentido del bien público y transparencia que
exige el sistema democrático, y que, a modo de tumor maligno se
han ido extendiendo paulatinamente degradando la actividad
política y convirtiéndola, en muchos casos, en una forma ilícita
e inmoral de enriquecimiento personal o de aferrarse a la
poltrona.
Naturalmente, lo anterior repugna a cuantos creemos que
es posible una manera diferente de hacer política, desde la
honradez y la defensa de los intereses colectivos. Pero el modo
en el que se están desarrollando los acontecimientos me llevan a
una reflexión ulterior: ¿Habríamos llegado a enterarnos de todo
esto sin la profunda división interna entre campistas y
zaplanistas? ¿No tienen la impresión de que sólo porque esta
división pone en peligro los intereses económicos de “las
amistades peligrosas” de uno de los sectores se ha puesto el
ventilador? ¿No les parece, además, que los procedimientos por
los que la información está saliendo a la luz resultan
completamente inaceptables en un estado de derecho?
Lo que pretendo constatar es que la democracia es un
bien que no se conquistó de una vez para siempre, allá por el
año 1978, sino que hay que defender todos los días para que no
quede convertida en un gesto y proceder superficial. La
democracia tiene lagunas y resquicios, y nos compete a todos,
independientemente de nuestra ideología política, colaborar en
la construcción y mejora de la vida colectiva. Así que urge
hacer limpieza municipal (incluido el sector de Mónica Lorente,
el de Jesús Ferrández y el de García Ortuño con tránsfuga
añadido) y, después, profundizar en las prácticas democráticas
para que episodios como los que últimamente nos tienen
acongojados no se vuelvan a repetir.
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