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Fecha
publicación
10 junio 2006 |
Manuel Enrique Mazón
Menargues
Militante de Izquierda Unida
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EL VERTEDERO
No es casual que los últimos escándalos de corrupción y
tráfico de influencias en el Ayuntamiento de Orihuela hayan
salido a la luz pública tras un sospechoso proceso de
adjudicación del servicio de recogida de basuras. Es un tema
éste, el de las basuras, que en los últimos años ha provocado
tantos quebraderos de cabeza al gobierno municipal como
controversia social entre los oriolanos.
Hasta hace poco el “gran affaire” era el que comenzó en
1995 con la polémica concesión de la licencia de construcción de
un vertedero en Torremendo a la mercantil Proambiente, propiedad
de Ángel Fenoll, afín al PP. La lucha emprendida por un nutrido
grupo de ciudadanos de la pedanía que se oponían al proyecto dio
sus frutos en enero de este año, cuando el Tribunal Superior de
Justicia de la Comunidad Valenciana falló anulando la licencia
por irregularidades en los informes técnicos que sirvieron para
su aprobación. Esta sentencia supuso un duro revés para los
intereses de Fenoll y dejó la credibilidad del gobierno
municipal por los suelos.
Pero si el inicio del año les deparó desdichas, éstas
son nimiedades comparadas con las que iba a deparar el mes de
marzo. La previsible adjudicación del servicio de recogida de
basuras a Urbaser (filial de ACS) picó los ánimos de Fenoll, que
a través de Colsur SL gestionaba esos servicios desde 1987.
Éste, experto conocedor del modus operandi que suelen gastar los
aspirantes en concurso público, puso el anzuelo y acabó picando
el menos listo. Pero se guardó el tirón del sedal para el
momento justo.
Hacía una semana y media de la petición del fiscal
Briones de apertura de diligencias por la denuncia de una
treintena de supuestos delitos contables y urbanísticos en el
Ayuntamiento de Orihuela. Y sólo hacía dos días de que la mesa
de contratación del Ayuntamiento calificase a Urbaser en primer
lugar y a Colsur en tercero. Era la hora de Fenoll, así que éste
no dudó en pegar el tirón y sacar a luz pública una conversación
con Jesús Ferrández en la que se ponía de manifiesto la
podredumbre que inunda las instituciones municipales. Por la
boca murió el pez y con él muchos de los del banco. Así que
ahora el olor a podrido es tal que cuando paseamos por la plaza
de Las Salesas dudamos si el angustioso hedor que inunda el
ambiente procede del mugriento lodazal Segura o de la casa
consistorial.
El escándalo ha salido a la luz pública, pero
desgraciadamente ha tenido que ser por la denuncia interesada de
Fenoll, lo que da muestra de lo poco que importamos los
oriolanos a los ediles municipales y a los empresarios de turno,
que sólo mueven ficha si obtienen beneficio a cuenta de las
arcas públicas.
La situación es grave, muy grave: el gobierno municipal
no gobierna, lo hace en su lugar el tráfico de influencias;
Centro Liberal hace una oposición camaleónica cuando la hace y
está salpicado por la corrupción; el PSOE anda metido en
disputas internas movidas por intereses personales que le
impiden plantear una alternativa al despotismo que ejerce el PP;
por su parte, Los Verdes (ahora se han cambiado el nombre) hacen
lo que pueden que es poco por la soledad en que se encuentran.
Pero pese a lo triste del panorama, no hemos de desistir. Es
más, es necesario pasar a la acción.
Creo que es el momento de reivindicar una política
municipal radicalmente democrática, participativa e
independiente de los grandes poderes económicos, que nazca de
las necesidades del pueblo y repercuta directamente sobre el
beneficio general. Para llevar a cabo este saneamiento el primer
paso es afrontar un proceso de renovación profunda del
consistorio que pasa ineludiblemente por la disolución inmediata
de la corporación municipal.
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