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Fecha publicación
7 noviembre 2004 |
Ramón
Fernández Palmeral
Escritor,
poeta e investigador
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UNA OCTAVA REAL DE PERITO EN LUNAS HA
PERMANECIDO 71 AÑOS EQUIVOCADA
[XXX] (Retrete)
Aquella de la cuenca luna monda,
sólo habéis de eclipsarla por completo,
donde vuestra existencia más se ahonda,
desde el lugar preciso y recoleto.
¡Pero bajad los ojos con respeto
cuando la descubráis quieta y redonda!
Pareja, para instar serpientes, luna,
al fin, tal vez la Virgen tiene una. (Miguel
Hernández)
Perito
en lunas
fue publicado el 20 de enero de 1933 en la Colección Sudeste
de Ediciones La Verdad de Murcia por Raimundo de los
Reyes-García y Martínez, donde el autor aparece como Miguel
Hernández Giner, con el segundo apellido de su madre. Este
trabajo inédito es una primicia que corresponde a un libro que
se publicará con el título: Simbología secreta de Perito en
lunas, por el autor de este artículo.
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Miguel Hernández en un óleo pintado por Ramón Fernández
Palmeral en base al conocido retrato del universal poeta
de Orihuela
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La
octava real (Retrete) ha sido muy maltratada durante estos 71
años. A mí particularmente, al principio, me dio
muchos quebraderos de cabeza, porque partía de una premisa
equivocada: su título. En absoluto estoy de acuerdo con los
análisis hechos hasta ahora por algunos críticos, tampoco son
acertados los de Agustín Sánchez Vidal (Alhambra, 1976,
123,124), sin embargo, se aproxima un punto cuando nos
propone: «Purísima Concepción con su serpiente y su luna a los
pies, es asimilada al retrete». Pero se equivoca al
finalizar la frases con que la luna es asimilada a un
retrete. Será en la tapadera del inodoro, digo yo. |
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Tomar
el retrete como inodoro es absurdo y un error de concepto que
ha permanecido demasiado tiempo sin desvelarse (71 años) y
tomado como título válido para la octava real [XXX], por culpa
de un título (títulos que no se debieron descubrir ni publicar),
de aquí mi teoría de que publicarlos por Juan Cano Ballesta en
1962 (dados a su vez por Miguel a Francisco Andreu Riera
–a saber qué le dijo Miguel,
exactamente-) fueron un error de vanidad grave, cuando aún no
sabemos los verdaderos títulos o significados de las siete
octavas de «Abril-gongorino», de las que hablaré en otro
momento. |
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Creo,
que Eutimio Martín en el núm. 83, 1º trimestre 2004,37,
(Revista del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos
Industriales, y que cayó en mis manos porque me la regaló Aitor
L. Larrabide), se acerca más a deshacer este entuerto cuando nos
dice que «hay textos sagrados en que se dice textualmente que la
Virgen recibió la visita del ángel de la Anunciación cuando
estaba orando en el retrete de su casa. Obviamente, la palabra
retrete designa una habitación retirada, propia para recogerse a
orar». A pesar de todo, Eutimio, vuelve a caer en la idea
errónea de que Miguel «confiere a la palabra “retrete” un
significado moderno», cuando en realidad las metáforas de esta
octava en absoluto nos trasladan al significado de pequeño
cuarto que sirve para retirarse, ir al retrete. En la
octava no se nombra retrete ni se alude a él, señores
ensayistas, hay que bajarse del burro, y reconocer que toda esta
polémica proviene de un título erróneo que nadie puede afirmar
que lo revelara Miguel a su “amigo” Andreu, y sin duda alguna, a
la falta de detenidos y serios estudios.
Si
nos centramos en resolver y analizar con objetividad la octava
real. Analizar es entrar en el taller del poeta. Sabemos
que el poeta nombra 3 veces la palabra Virgen en Perito en
lunas (octava 8, 13 y 30). Miguel Hernández no podía ser
irrespetuoso con la Virgen porque el canónigo don Luis Almarcha
Hernández podría censurarle y retirarle su apoyo económico con
las famosas y manías 425 pesetas, vuelta de espalda, que Miguel
no podía permitirse, y menos en su primer libro, y además
el poeta no estaba, aún, en fase de «desplumar arcángeles»
(soneto final de El rayo que no cesa), ni había conocido
al Pablo Neruda de la poesía “impura”, ni tampoco al surrealista
Vicente Aleixandre, que fue en junio de 1935.
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Esta
octava real se debería llamar: (Inmaculada Concepción). Como
podemos observar en la imaginería religiosa, la Inmaculada que
aparece de pie sobre un globo terráqueo, pisa a una luna y a una
serpiente. Empieza la octava real Aquella de la cuenca luna
monda, / sólo habéis de eclipsar por completo. Debería ir
acentuada porque es un pronombre demostrativo: Aquélla de la
cuenca luna.
Aquélla se refiere a la Virgen que aparece de pie sobre
una
cuenca (forma cóncava o media luna) luna monda
(mondar significa también limpiar un río o acequia), a los pies
aparece una luna limpia. El poeta se dirige a la Virgen siempre
en términos respetuosos con el usted por delante: habéis,
vuestra, bajad.. No creo que al retrete haya que
mostrarle tantos respetos.
Esta
media luna a los pies de la Virgen aparece tendida (en cuarto
creciente o menguante, en cóncava posición) también nos semeja
una hoz para pelar, mondar o injertar. Es evidente que en
sólo habéis de eclipsarla por completo, es una invocación al
poder divino de la Virgen sobre los astros, eclipsa a la luna
porque la está pisando desde el lugar preciso y recoleto,
este lugar es el cielo y no una hornacina de iglesia, y menos un
reservado retrete. La serpiente, según el Diccionario de
Símbolos de LIBSA 2002, significa el triunfo de Cristo
sobre el mal. En la Inmaculada del pintor italiano Juan Bautista
Tiépolo (1696-1770), la serpiente aparece con una manzana en la
boca, representa a la serpiente del paraíso terrenal que tentó a
Eva.
Al
final de esta octava real, la Virgen tiene una, nos
quiere decir el poeta que la Virgen tiene una luna para ella
sola, no que tiene un retrete, como he podido leer por ahí. El
poeta no tiene intención de ponerle un retrete a la Virgen, es
impensables esta blasfema venial en aquellos años de
religiosidad hernandiana. Otras fuentes de inspiración
son, posiblemente, el nombre de su madre Concepción o el
de una campana que se instaló en la torre de la catedral de El
Salvador (Orihuela) en 1925 y que se llama Inmaculada
Concepción. Además de los numerosos cuadros de la Inmaculada en
distintas iglesias oriolanas.
Por
el contrario, la octava real que debería llamarse RETRETE es sin
duda la número [XII], (Lo abominable). Esta octava real está
dedicada al impresor y periodista Ernesto Giménez Caballero, es
necesario sintetizar que Ernesto nacido en Madrid el 2 de agosto
de 1899, en una familia industrial por parte de padre y de
propietarios agrícolas por parte de madre. Supo construir una
próspero negocio de artes gráficas a partir de una humilde
imprenta (en la calle Huertas de Madrid, en la casa donde se
cree vivió Cervantes): En 1919 Giménez Caballero se licenció en
Letras en la Universidad de Madrid y continuó sus estudios para
graduarse en Filosofía. Fue compañero de curso de Javier Zubiri.
Miguel
lo había conoció por medio de Ramón Sijé el 2 de octubre de 1932
en el homenaje a Gabriel Miró en Orihuela en los jardines de la
Glorieta. La banda de música de Benejúzar amenizó los actos,
según escribe Eutimio Martín.
González
Caballero llegó con camisa azul falangista, encima una chaqueta
clara, se colocó al lado izquierdo del busto de Miró ganado en
concurso por el escultor murciano José Zequier Zenón, y
pronunció su discurso empezó cínicamente con: Nosotros, los
que hemos traído la República...
Estas palabras irritaron a Antonio Oliver Belmás, de tal manera
que llamó: ¡Embustero!, a Ernesto,
porque era cierto. Por alterar el orden público Oliver fue
redetenido por la policía, tuvieron que intervenir amigos y
poetas, entre ellos Miguel Hernández, de aquí nació la amistad
entre ambos. En este tiempo Miguel ya tenía escrito Perito en
lunas, y fue Oliver y su esposa Carmen Conde quienes le
recomendó a Raimundo de los Reyes.
Al
proclamarse la República en abril de 1931 las posiciones
políticas de Giménez Caballero, y su defensa del fascismo, el
ser miembro fundador del semanario La Conquista del Estado
(marzo a octubre del 1931) los colaboradores le fuesen dejando
solo, y aunque
La Gaceta se mantuvo hasta 1932, Giménez Caballero tuvo que
escribir en solitario seis números (112, 115, 117, 119, 121 y
122) que llevan como subtítulo El
Robinsón literario de España. En
octubre de 1933 participa en la fundación de Falange Española.
El
segundo encuentro de Miguel con Ernesto, ocurrió durante
el primer viaje a Madrid, a través de la recomendación de Concha
Albornoz, hija de Álvaro Albornoz Limiñana, (1879-1954), masón,
fue diputados a Cortes por Asturias del Frente Popular, quedó
tercero con 21.870 votos, después de Matilde de la Torre y
Dolores Ibarruri.
Político republicano español, miembro del
Partido Radical Socialista. Diputado en Cortes, Ministro de
Obras Públicas y de Gracia y Justicia dos veces. La primera vez
desde (16-12-31 al 12-06-33) durante la II República. Presidió
también el Tribunal de Garantías y fue embajador en París.
Giménez
Caballero dirigía El Robinsón Literario de España, y el
15 de enero de 1932 aparece el esperpento de entrevista pastoril
que le hizo a Miguel, no obstante para darse a conocer ya era un
pasito, puesto que, además, Ernesto le recomendó a otro
prestigioso redactor Federico Martínez Corbalán que dirigía
la revista
Estampa, que siguiendo la línea de los tópicos del cabrero
poeta, aparece el 20 de febrero 1932 bajo el título: «Dos
jóvenes escritores levantinos. El cabrero poeta y el mucho
dramaturgo». El niño dramaturgo tenía 15 años y se llamaba
Virgilio Soler.
No
sabemos si (Lo abominable) se lo de dedicó a Ernesto con
sarcasmo quevedesco o por premeditación para buscar su amistad.
Cuando salió la entrevista estaba Perito en lunas estaba
todavía en la imprenta. De todas formas, nadie se iba a enterar
del contenido escatológico esta octava real. Esta es una octava
escatológica, que podría entrar dentro del genero satírico y
burlesco que se practicó en el barroco, cuyo mayor creador fue
Quevedo, donde después de elevarse a grandezas espirituales
adelgaza por el vientre en Gracias y
desgracias del ojo del culo.
La
primera parte de (Lo abominable) creo que se refiere a la
micción masculina.
Aunque amarga (la orina), y sólo por momentos, sale
de vez en cuando, no siempre, cuando la tendremos palmas en
las manos todos, para sujetar el pene para orinar. Y
prosificando los versos 4 y 5, tenemos que cuando sale la orina
ardiendo y hay vientos mayores nos alcanza
la orina y nos mancha los calzones o pantalones, aquí codos por
las rótulas de las rodillas.
A
la segunda parte de la octava le hubiera venido bien el título
de Retrete, porque lo abominable podría ser el retrete o un pozo
negro. Sin embargo, parece referirse más bien a la acción de
defecar, porque tras posteriores sufrimientos, de
las señales acuciantes del vientre, y libres del lodo como
excremento, nos hará leve por ligeros, el viento en
popa / irán sobre la [sic] un punto china Europa.
Quevedo escribió viento en popa / navega con tal
bonanza, para definir nabo de su romance «Boda y
acompañamiento del campo» De quien a su vez lo tomaría
Espronceda para «Canción del Pirata»:
viento en popa a toda vela, / no corta el mar, sino vuela...
Ponemos
las posaderas o últimas mejillas en pompa a la hora de
evacuar, y soltamos una china o guijarro / bolo escatológico, y
Europa rima con popa.
Por
todo ello, creo que Perito en lunas, como dice José Luis
Ferris «no ha alcanzado la consideración que merece». Por
ahí andan, como he tenido ocasión de ver en la biblioteca
particular de Gaspar Peral, copiosas antologías (cajones
de sastre donde caben todos los retales poéticos), y de
este modo, selectivo e indiscriminado han salido adelante las
ediciones, más que nada por el bellaco metal, con esta moda de
los recortables antológicos, se pierde el valor intrínseco
de conjunto de una obra, y el inequívoco placer de disfrutarla
en su globalidad con la atención que merecen con todos los
ingredientes que les pueden faltar o sobrar.
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