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Fecha publicación:
11 octubre 2005 |
Ramón
Fernández Palmeral
Escritor, poeta e investigador
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LA VIDA AMOROSA DE MIGUEL HERNANDEZ
El domingo 30 de octubre del 2005 se
cumplirá el nonagésimo quinto (95º) aniversario del nacimiento
de Miguel Hernández, por ello celebramos el jubileo de su
nacimiento al coincidir este domingo día 30 con el mismo día de
la semana en que nació el poeta en la calle San Juan número 82
de Orihuela.
En esta fecha jubilar quiero hablar de
sus amores, de la vida amorosa de Miguel, sin olvidarnos
primero de que hubo una mujer muy importante, la más
importante de su vida y que le apoyó siempre y por quien
tenía verdadero devoción, se trataba de su madre, conocida
por «Concheta», a la que llamaba «gitana, oscura y perdida»:
Concepción Gilabert Giner, de la que poco o casi nada
conocemos y es necesario lanzar una propuesta para que en el
futuro alguien nos hable de ella como se merece.
Miguel se relacionaba bien en el trato
con el sexo femenino, tenía en su favor el don de la
palabra, quizás el arma más poderosa y seductora que tiene a
su alcance un don Juan o un Casanova. La primera chica de
adolescencia con la que intentó noviar fue Carmen La
Calabacica, que no quiere al joven Miguel, tal vez
porque no era un hombre agraciado físicamente, no pasaba por
un sex-symbol, no era alto (alto de mirar a las palmeras),
era moreno y, de hecho, en la cara tenía ciertas marcas de
un carburo que le estalló jugando de niño. Por el contrario
tenía un gran poder de seducción cuando se le trataba
personalmente. A Carmen parece ser que le dedicó unos
sonetos de los años 1930, en los que va pasando del lenguaje
platónico y mitológico-religioso al amargo del desencuentro.
También conoció en Madrid a la
filósofa y pensadora veleña María Zambrano [1], seis
años mayor que él. Se conocieron en la tertulia de Cruz y
Raya de la calle General Mitre en su tercer viaje en
1934. También hay una fotografía de grupo en el homenaje
dedicado Vicente Aleixandre en junio de 1935 donde aparecen
Miguel y María. Sin embargo, creo que María no era una mujer
destinada para Miguel por la diferente formación intelectual
existente entre ambos, sino más bien, era una amistad pura y
verdadera, una relación literaria. María llevaba tiempo
recorriendo pueblos en las Misiones Pedagógicas, y ella es
quien le presenta al escritor y periodista Enrique Azcoaga,
además de haberle presentado a intelectuales y poetas como a
Pablo Neruda, fue como su mentora. Miguel le dedicó el poema
“La MORADA-amarilla” publicado en el último número 2, Virgen
de Agosto, El Gallo Crisis, que salió en 1934, donde
once veces se repite la palabra Dios en el poema. Miguel
también asistía a las tertulias en la casa de María Zambrano
en Plaza del Conde de Barajas. Después de las tertulias
daban largos paseos juntos, porque ella pasaba por una
crisis sentimental, luego se casó el 14 de septiembre de
1936 con el diplomático Alfonso Rodríguez Aldave, y
marcharon a Santiago de Chile. María le dedicaría un
artículo en El País, en 1977 titulado: “Presencia de
Miguel Hernández”.
Antonio Gracia, comenta en la página
12, de Miguel Hernández: del “Amor cortés” a la mística
del erotismo: «La lección hernandiana consiste en la
superación de la incultura y las ideologías derechistas o
izquierdistas, la iluminación y el aprendizaje en el dolor,
su última escritura de la esperanza en el hombre...».
Entiendo que el gusto por la poesía de Miguel reside en su
obra, y en la admiración por su afán de superación de un
hombre que salió de la incultura, más que por su militancia
comunista en la guerra civil del Quinto Regimiento, o por la
utilización de algunos grupos políticos y sindicales por su
ideología, pasión y muerte en las cárceles franquistas,
porque podría nombrar a muchos otros poetas o escritores que
murieron en similares circunstancias, no en vano desde abril
del 39 al 30 de junio del 44 murieron en las cárceles
192.684 personas [2].
Hay un cierto paralelismo con el
erotismo de la poesía del uruguayo Julio Herrera y Reissig
(1875-1910), a quien Miguel le dedicó “Epitafio desmesurado
a un poeta”, con el bordón Quiso ser trueno y se quedó en
sollozo. Julio Herrera fue un poeta eminentemente
erótico al que sin duda, alguna, Miguel leyó con placer.
Os voy a hablar de sus otros amores,
de las mujeres que conoció a riesgo de equivocarme, tras
investigar su obra poética pasional y las investigaciones de
Ramón Pérez Álvarez. No me voy a obsesionar en averiguar
cual o cuales sonetos están dedicados a uno o a otro de sus
amores. En El rayo que no cesa (1936), quizás uno de
los poemarios más pasionales de la literatura española, cuya
simbología secreta es harto difícil de desvelar, y con cuyo
texto más se le identifica, no nos revela el nombre de la
amada ni a quién van dirigidas las quejas de su desamor
insatisfecho, de sus desengaños amorosos. Quizás porque
detrás no hay una sola mujer sino varias relaciones
sentimentales. Aunque detrás de estas mujeres haya un único
amor verdadero: la poesía. Para Miguel el amor no es
inmoralidad sino una forma de atemperar sus desasosiegos
biológicos, avanza en edad y quiere perpetuarse a través de
los hijos como medio natural y simbólico de inmortalidad.
Miguel se lleva bien con las mujeres
en general. Bien con Carmen Conde, la mujer de Antonio
Oliver Belmás; con Concha Méndez, la mujer de Manuel
Altolaguirre; con Delia del Carril, la mujer de Pablo
Neruda; con Elena Garro, la primera esposa de Octavio Paz [3];
y también con María Teresa León, la mujer de Rafael Alberti,
que una vez le dio una bofetada [4]. Quizás la
sensibilidad de un yo femenino hernandiano y ontológico le
hacia conectar con ellas. Sin embargo sus amores, por este
orden son:
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a) Josefina Manresa
Escribe Josefina: «Me estuvo
pretendiendo Miguel desde el año [verano] 1933 hasta el 27
de septiembre del 34. Pasaba varias veces por la puerta del
taller de la calle Mayor, en Orihuela, donde yo trabajaba de
modista». Esta es la primera frase con que empieza el libro
de Josefina Manresa Recuerdos de la viuda de Miguel
Hernández (1980). Al regreso del primer viaje a Madrid,
Miguel trabajaba en la Notaría de José María Quilez. En
septiembre de 1933 trabajaría en la de Luis Meseres.
Josefina Manresa Marhuenda había nacido en Quesada (Jaén) en
1916, hija del guardia civil Manuel Manresa Pamies [5].
Josefina era una mujer sencilla de pocos estudios,
trabajadora y educada en la austeridad propia de la familia
de un guardia civil de segunda clase. Esta relación de
noviazgo como cualquier otra, tuvo sus altos y bajos. |

Josefina Manresa en un retrato hecho por
el autor de este artículo, Ramón Fernández
Palmeral
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Tuvieron un distanciamiento en julio
de 1935 (Pascua de Pentecostés) que acaba en ruptura. El 20
de junio, Miguel en una carta a Josefina le dice que es una
mujer que no entiende sus ansias de mundo y que se aferra a
una hipócrita moral provinciana.
Posteriormente y «siguiendo el
conducto reglamentario» Miguel escribe al padre de Josefina
para saber si ella está libre todavía y poder reanudar las
relaciones de su noviazgo. La reconciliación llega en una
carta de arrepentimiento del 4 febrero de 1936, es decir,
unas semanas después de la salida a la calle de El rayo
que no cesa, por ello se piensa que, como parte de los
sonetos de El rayo… que se concibieron en el segundo
semestre del 35. La dedicatoria del libro: A ti sola, en
cumplimiento de una promesa que habrás olvidado como si
fuera tuya. No podemos asegurar que esté dedicada a
Josefina, aunque ella siempre dijo que era ella. Además nos
encontramos con el dilema: ¿A qué incumplida promesa se
refiere Miguel en su dedicatoria?
Miguel intentó convencer a Josefina
para que creyera que el libro estaba dedicado a ella en
exclusiva, en cumplimiento de la promesa de que algún día le
dedicaría un libro, pero ella no era una ingenua puesto que,
parece ser, que ella había oído rumores en Orihuela de sus
aventuras amorosas en Madrid. Por eso Miguel le dijo que no
hiciera caso a las murmuraciones de la gente, porque temía
en la desconfianza de la joven Lo que sí es evidente que los
poemas de Imagen de tu huella y El silbo vulnerado
están inspirados en ella. Los otros dudosos amores llegaron
después, durante la ruptura con Josefina desde julio del 35
a febrero del 36.
Entre los poemas dedicados a Josefina,
recojo las notas de Francisco Esteve (2002,117): «Destacan,
sobre todo, dos poemas amorosos dedicados a su novia... El
primero lleva por título: “Primavera celosa” con la
siguiente dedicatoria: “A mi Josefina querida. Miguel” (...)
En el poema “Tus cartas son un vino”, dedicado “A mi gran
Josefina adorada”, manifiesta Miguel su nostalgia por la
ausencia de la mujer amada...».
Además de los poemas con dedicatorias
explícitas a Josefina, existen otros poemas con versos con
referencias implícitas a la joven: «que tiene la edad justa
para que yo la quiera». Josefina quiso ser siempre el único
amor de Miguel, como era lógico porque era su mujer, y por
ello luchó siempre con dignidad y valentía auque algunos de
los críticos, de los que se acercaron, tras la muerte de
Miguel aseguraron de que era muy desconfiada. ¿A caso no
tenía motivos?
Miguel y Josefina se casaron el 9 de
marzo de 1937, meses después del asesinato de su padre en
agosto del 36. Compartieron una larga relación epistolar,
apenas estuvieron juntos unas semanas, ya que la guerra
civil los separó. Luego estuvo preso desde el 29 de
septiembre de 1939 hasta su muerte, y pasó por 13 prisiones.
Creo que Ramón Pérez Álvarez fue injusto con Josefina, quizá
por la animadversión que hubo entre ellos, en las opiniones
que vertió éste sobre ella cuando escribió: «Josefina, desde
noviembre de 1939 a junio de 1941, no visitó jamás a Miguel»
[6]. Tiempo carcelario en que Miguel estuvo fuera de
Alicante. ¿Podía ella trasladarse a todas las cárceles,
teniendo un hijo de corta edad? Pero cuando ingresó en el
Reformatorio de Adultos de Alicante ella se trasladó con su
hijo desde Cox a casa de Elvira en calle Pardo Jimeno en
Alicante, detrás del Reformatorio, pero se veían sólo desde
las rejas.
Es a partir del 4 de marzo de 1942,
cuando se celebra el matrimonio canónico, cuando la dejan
entrar junto a Elvira a la Enfermería, ver las
autorizaciones escritas del Centro Penitenciario [7].
Pero gracias a Josefina, y a esa
desconfianza, que conservó el legado del poeta que se
encuentra en el Centro Hernandiano de Estudios e
Investigación de Elche, bajo la celosa vigilancia de su
director Rafael Navarro Mallebrera, los investigadores han
tenido oportunidad de conocer a Miguel Hernández, a veces,
no en la misma reciprocidad en que ella ofreció esas cartas
o poemas inéditos. Para mí es una mujer que merece mi
aplauso, porque siempre fue fiel a su memoria, valiente y no
permitió actos o hechos que le desmerecieran.
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b) María Cegarra
María Cegarra Salcedo, nació en La
Unión (Cartagena), (no sabemos cuándo) fue la primera mujer
perito químico de España, ejerció la docencia durante 40
años en Cartagena, obtuvo la cátedra de Químicas en la
Escuela de Peritos Industriales. Además de poetisa, era
amiga del matrimonio Antonio Oliver y Carmen Conde,
fundadores de la Universidad Popular de Cartagena. María y
Miguel se conocieron en el homenaje a Gabriel Miró Ferrer
(Alicante,1879-Madrid,1930) celebrado en Orihuela el 2 de
octubre 1932 y organizado por Ramón Sijé, alma del homenaje,
cuyos primeros casos, según nos cuenta Vicente Ramos Pérez,
se dieron en julio de 1931, el comité estuvo integrado por
José María Olmedo, José María Pina Brotons, José María
Ballesteros,
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María Cegarra en un retrato realizado por Pedro Ginés
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a quienes se les unió más tarde Augusto Pescador, Miguel
Hernández y los de la Tahona. Previamente Sijé le dedicó a
María Cegarra su conferencia «Oleza, Pasional natividad
estética de Gabriel Miró», que leyó el 30 de septiembre de
1932 en la Universidad Popular de Cartagena (antigua Escuela
de Comercio) [8].
La vuelve a encontrar a comienzos de
1933 cuando Miguel fue a la Universidad Popular de Cartagena
a presentar Perito en lunas. María no le presta
demasiada atención, no lo considera el hombre de su vida.
María es unos años mayor que él. Hubo una amistad de tres
años.
Miguel, después de su ruptura
sentimental con Josefina, se refugia en las cartas de María
Cegarra, le hace una visita a Cartagena (26 y 27 de agosto
1935), donde le llevó unos sonetos ya escritos de El rayo
que no cesa, que da título al soneto número 2, «... con
todo el fervor de Miguel». Por ello María Cegarra siempre
creyó ser la destinataria de la dedicatoria del libro, y así
se hace constar en algunas seudo-biografías. Se inicia una
relación epistolar o flirteo epistolar, ya que él necesita
una musa donde desahogar sus pensamientos amorosos (el amor
cortés). José Mª Rubio Paredes publicó tres cartas en 1988.
Ella es una mujer inteligente y comprensiva que le escucha,
que le sabe entender. María dejó de escribirle, y por ello
se sintió muy dolido como se ve en la carta que escribiera
al matrimonio Oliver en octubre de 1935: «Por lo visto,
tampoco tiene interés conmigo...».
Cuenta Pérez Álvarez (La Lucerna
nº 29, 1994), que recibió una carta de María Cegarra de
fecha 28 de enero 1979, en la que le dice que poco puede
aportar a la biografía de Miguel, «pues mi amistad fue
breve, apenas iniciada la terminó la guerra, y ya no nos
vimos más. Conservo de él el grato recuerdo de su
inteligencia y bondad». Además le decía que guardaba sus
cartas que eran para ella un gran tesoro pero decidió que no
fueran del dominio público. Las cartas aparecieron a la
muerte de María en la que había declaraciones de amor, un
amor puro, y reproches de por qué ella no le contestaba a
sus cartas.
A María le agrada Miguel por su inteligencia pero no como
posible enamorado o partido. María como poetisa pertenece
-como dice Carmelo Vera- a la llamada generación del 27,
aunque por obra publicada a la del 36. Es autora de
Cristales míos (1935), con prólogo de Ernesto Giménez
Caballero, dedicados a su hermano Andrés (de larga y fatal
muerte). En 1978 apareció su segundo libro Desvaríos y
fórmulas, inspirado en sus años de docencia. Y en 1987
publica Cada día contigo.
Tampoco creo en un amor platónico o
petrarquista que se ha escrito, sino en una corta relación
afectiva epistolar.
Falleció el 26-03-93 en Cartagena. No
hay constancia de que escribiera sus memorias, aunque la
verdad ha sido una escritora injustamente olvidada.
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c) Maruja Mallo
La pintora surrealista gallega Maruja
Mallo se llamaba María Gómez González-Mallo, hermana del
pintor Cristino Mallo (eran 14 hermanos). Nació en Vivero
(Lugo) el 6 de junio de 1902, falleció en Madrid 6 de
febrero 1995 [9]. Ocho años mayor que Miguel. Hija de
un funcionario de Aduanas. Estudio Bellas Artes en Madrid
donde se relacionó con residentes de la Residencia de
Estudiantes: Pepín Bello, Dalí y Buñuel, estos a su vez le
presentaron a Federico García Lorca, El Deseado. Un
día el influyente crítico Melchor Fernández Almagro le dio
el espaldarazo definitivo recomendándola a José Ortega y
Gasset, y se le organizó una exposición en los salones de la
Revista Occidente. Viajó a París en 1932 conoció a Magritte,
Max Ernest y De Chirico, participa en tertulias con André
Breton y Paul Elouard.
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Maruja Mallo en un retrato hecho por
el autor de este artículo, Ramón Fernández
Palmeral
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En 1934 ocupa en Madrid una cátedra en la Escuela de
Cerámica, otra en Instituto de Segunda Enseñanza y otra en
la Residencia de Estudiantes. La conoció a primeros de 1935
en Madrid, posiblemente se la presentó Paco Díe (Francisco
Díe García-Murphy) o Benjamín Palencia, aunque la pintora
también era muy amiga de María Zambrano, ambas
escandalizaban el Madrid intelectual de la época, cada una a
su manera.
Y
según los investigadores, esta mujer vanguardista y redimida
fue quien le inició en su despertar de los primeros juegos
sexuales, puesto que ella parece ser la liebre libre y
loca, del poema 15, o la soneto 8 escribe: Entro y
dejo que el alma se me vaya por la voz amorosa del racimo,
o soneto 28 amorosa fiera hambrienta.
Se le reconocían amores libres con el
poeta Rafael Alberti a finales del 27 a la que dedicó el
poema: La primera ascensión de Maruja Mallo al subsuelo.
Anteriores a su relación con la que fuera su mujer María
Teresa León, mujer de gran personalidad. Escribe Camilo José
Cela: «Miguel Hernández y Maruja Mallo tenían amores e iban
a meterse mano y a hacer lo que podían debajo del puente...»
[10]. Esto sucedió en La Poveda, en el río Henares,
saliendo de la estación del Niño Jesús. La pintora y él
colaboraron en la escenografía para Los hijos de la
piedra, basado en los sucesos de Asturias, trabajo donde
seguramente debieron intimar. También hubo escapadas, una
por los campos de Morata de Tajuña.
Maruja fue muy conocida entre los
intelectuales de la época como José Ortega y Gasset, además
de la exposición le pidió dibujos para la Revista de
Occidente, pues de alguna forma esta pintora
vanguardista representaba y contribuía a desarrollar
gráficamente las pretensiones políticas del filósofo. Fue
protegida por Ramón Gómez de la Serna, que ya en el exilio
de Buenos Aires le escribió una corta biografía en 1942,
donde después de la guerra civil se habían exiliado, de cuyo
descatalogado libro se encuentra actualmente una copia en la
Biblioteca Pública de Asturias, según me informó Aitor L.
Larrabide. Ella también dio viñetas para la revista Silbo
de Ramón Pérez Álvarez, gracias a la recomendación de
Miguel, con la que ya tenía una amistad íntima, en el número
uno de Silbo aparece el dibujo vanguardista de Maruja (una
mujer con una espada en la mano derecha y un pez en la
izquierda) ilustrando el poema «Al que se va».
El 6 enero de 1936, en el campo de San
Fernando del Jarama paseando Miguel con Maruja Mallo, la
guardia civil le pidió la documentación y como no la llevaba
encima salió corriendo y lo detuvieron por sospechoso. Le
dieron golpes y le amenazaron con la culata de los fusiles
–contó Mª Teresa León- por resistirse. Diez días después
hubo una nota de protesta en El Socialista a favor
del poeta, firmada, por los intelectuales más destacados.
Maruja formaba parte de la llamada
«Escuela de Vallecas» fundada por Alberto Sánchez y Benjamín
Palencia, éste último le hizo un retrato a plumilla de
Miguel tocando la armónica, pues pensó ilustrarle El
silbo vulnerado, que no llegó a editarse. Miguel
escribió a Benjamín a finales de 1934: «Estoy acabando de
terminar un libro lírico, “El silbo vulnerado”, un libro
como tú me pedías, de pájaros, corderos, piedras, cardos,
aire y almendros...». Aitor L. Larrabide escribió unos
apuntes sobre la «Escuela de Vallecas» y MH, en La
Lucerna, nº 25, abril 1994, en el que hace una
aproximación al concepto plástico de esta escuela madrileña,
porque Palencia y el escultor Alberto Sánchez hacían un
recorrido por el barrio de Vallecas hasta cerro Almodóvar
que bautizaron como “Cerro Testigo”, a partir de los años
27, y recogían todo tipo de materiales que tuvieran un
sentido plástico.
Yo creo que se ha derramado más tinta
tipográfica sobre esta supuesta escuela que la escuela en sí
misma pudo aportar al arte vanguardista de los años 30, que
fueron las verdaderas intenciones de un grupo de artistas
contemporáneos y no cohesionados, que no tienen obras
representativas. Una idea que no llegó a tener realidad, ha
sido un tópico.
A
Maruja se le considera, por coincidir su relación afectiva
con el tiempo de creación de los sonetos, la destinataria de
la mayor parte de El rayo... (no de los que tienen
parangón con Imagen de tu huella o Silbo vulnerado).
En 1937, regresó a su tierra gallega y
estuvo en Vigo, desde allí pasó a Buenos Aires, donde vivió
casi 30 años, hasta 1961, que regresó en un primer viaje, y
luego en 1965. Tenía miedo porque había escritos artículos
crudos sobre le etapa de la guerra vivida en Vigo. Y
publicados después en La Vanguardia. Artículos que le
hubieran costado la cárcel o penas de muerte en el
franquismo. Según José Luis Ferris [11] es la pintora
más extraordinaria de la vanguardia española y la más
desconocida e ignorada.
En Argentina viajó a Chile, era amiga
de Neruda y de Gabriela Mistral. Pintó cabezas femeninas con
aspectos masculinos y perfiles clásicos casi griegos, como
una forma de recordarnos las razas, retratos que vendía a un
judío joyero Samuel.,..
Regresó a España, fue ignorada por
completo, y conocemos su vida gracias a una entrevista
monográfica que le hizo la televisión de Madrid. Documentos
que nos ha servido para documentar este artículo. Y que fue
visto por el articulista el día 31 de enero de 2005, en la
CAM de Alicante.
Ella fue un amor salvaje, casi brutal,
básicamente humano.
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NOTAS
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