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Fecha publicación
28 marzo 2005
(63 aniversario de la muerte de Miguel
Hernández) |
Ramón
Fernández Palmeral
Escritor,
poeta e investigador
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PROCESO Y MUERTE DE UN POETA
Ofrenda Floral.-
Esta mañana 18 de marzo (2005), he tenido la satisfacción de
presenciar una ofrenda floral ante el monumento erigido al
universal poeta Miguel Hernández que se levantó en 1998 en
el lugar exacto que ocupaba la enfermería de la cárcel del
Reformatorio de Adultos en Alicante, y que hoy es una zona
ajardinada de la plaza de los Juzgados de Benalúa, cuyo autor es
Agar Blasco, gracias a la iniciativa de la Asociación de
Estudios de M.H, de Alicante. Este entrañable acto no sería tan
significativo si los auténticos protagonistas no hubieran sido
los niños alumnos del Colegio Público San Roque, una torrente de
nueva sangre hernandiana. Entre las autoridades presentes
me agradó ver a Vicente Magro, Presidente de la Audiencia
Provincial de Alicante en una lección de ética
cultural-judicial; al Rector de la Universidad de Alicante
Jiménez Raneda; al incombustible Director de la Sede de la
Universidad Manuel Alcaraz; el veterano político socialista
Beviá Pastor; y al no menos veterano hernandiano Julián Ramírez.
Este evento ha sido
organizado por la Sede de la Universidad de Alicante, que ha
elegido este día 18 como «Día de Miguel
Hernández» adelantándose 10 días al próximo 28 de marzo
(coincide con las
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vacaciones de
la Semana Santa) que se cumplirá el sexagésimo tercer (63)
aniversario de la muerte del poeta oriolano M.H., con
talleres, lecturas de poemas por grupos poéticos alicantinos,
más una muy elogiable conferencia: «Miguel Hernández:
mayoral que no cesa» del extremeño Félix Grande (Premio Nacional
de las Letras Españolas 2004), que al finalizar la misma nos
recitó de memoria, para asombro de los asistentes, el soneto 26
de El rayo que no cesa «Por una senda van los
hortelanos...» y además como colofón de una tarde mágica,
después de los aplausos y todo el público de pie, recitó el
primer cuarteto de «Soneto final». |

Ofrenda floral en el Monumento a Miguel Hernández en
Alicante el 18 de marzo de 2005 (Plaza Juzgados)
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Por
ello creemos que, en estas entrañables fechas para los
hernandianos de corazón «desmesurado», es necesario hacer una
breve síntesis del injusto proceso y muerte del poeta oriolano,
y que merecen una reflexión en estos tiempos de violencia en que
lo bélico se nos vende como un acto de defensa propia.
Proceso.-
Los
trabajos más completos sobre el proceso contra Miguel Hernández
Gilabert, se pueden consultar en los libros de Juan Guerrero
Zamora, pionero en los estudios hernandianos, y el de
Miguel Gutiérrez Carbonell, Teniente-Fiscal en la Audiencia de
Alicante, los de Vicente Ramón y en el último de José Luis
Ferris.
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El
libro de Juan Guerrero Zamora Proceso a Miguel Hernández, El
Sumario 21.001, (Editorial Dossat, Madrid, 1990) es el más
completo hasta la fecha, por los documentos aportados y las
entrevistas que hizo a Josefina Manresa en Cox. El libro
de Gutiérrez Carbonell aporta el Expediente Penitenciario, y
además una información jurídica muy clarificadora sobre la
justicia durante el franquismo: «Uno de los posibles ensayos
sobre el derecho represivo franquista (1936-1945)», p. 6 a 10
(Compas, Alicante,1992), donde hace un ensayo al proceso contra
Miguel Hernández que fue, como escribe Gutiérrez Carbonell:
«vulneración al derecho a Recursos, garantías universales
reconocidas, ahora y siempre». Es decir, a nuestro entender un
juicio sumarísimo sin garantías y sin derechos a recurrir contra
las sentencias sumariales, un juicio kafkiano, el abogado
defensor había de ser militar como el Fiscal. El Presidente del
Tribunal fue el comandante Pablo Alfaro Alfaro. Lo
inadmisible, escribe Gutiérrez Carbonell, los autos se ponen de
manifiesto al defensor, que antes no ha intervenido, «por un
término que nunca excederá de tres horas». Tres horas para
preparar la defensa, inaudito, injusto.
Al finalizar la guerra
incivil, Miguel salió de Madrid para Cox el 9 de marzo de 1939.
Desde Cox viaja a Sevilla, Jerez y Cádiz el 22 de abril, con un
salvoconducto facilitado por la Comandancia Militar de Orihuela.
(Este viaje es una parte bastante inconexa de la
vida de Miguel). En Sevilla busca a Eduardo Llosent en
calle San Vicente, 22, domicilio de Eduardo (lo había conocido
en las Misiones Pedagógicas), quien le recomendó personalmente
a Joaquín Romero Morube, alcaide de Alcázar, la verdad es que
ninguno de los dos le dieron el refugio requerido. |
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Busca también
a Pedro Pérez Clotet (natural de Villaluenga del
Rosario y director de la revista Isla, ganadero y
adherido al Movimiento que se conocieron en 1933 con
motivo de la publicación de Perito en lunas), que estaba
en Jerez, pero no sabemos donde tuvo lugar ese encuentro,
quizás en Huelva (carta 29 de abril desde Huelva a Josefina).
Pérez Clotet no hizo o no pudo darle tampoco refugio por la
peligrosidad que suponía hacerlo, por presiones no sabemos de
quién, según contó éste, años después, a Leopoldo de Luis.
Buscó
también al abogado Diego Romero Pérez en Valverde del
Camino (Sevilla) según su libro M.H. en mi recuerdo
(Camas ,1992), era el contacto pensado por Miguel para
pasar a Portugal, por recomendación de Eduardo y Morube, y como
no encontró a Diego, desolado, desengañado y cansado decidió
pasar solo a Portugal. Juan Guerrero Zamora lo cuenta en la (p.
32,
Ibidem, 1992):
«Un camionero le recogió en la villa onubense transportándole,
vía Valverde del Camino –a 45 kilómetros aproximados–, hasta
–80 más– la localidad de Aroche. Precautoriamente, el tránsfuga
abandonó el vehículo cuatro kilómetros antes del pueblo (...),
previniendo los ásperos tramos que habría de recorrer, se
compró unas alpargatas. (...) A las nueve de la noche
reemprendió la marcha. Enfiló Portugal, aunque desconocía el
terreno –alguien le orientaría–, procurando dejarse a su
izquierda el puesto fronterizo. A poco de Aroche, un afluente
del Guadiana, Ribera de Chanza, se le interpuso (...) cuenta que
hubo de atravesarlo nadando con un brazo...»
Llegó a Santo Aleixo donde
la policía de Salazar le detuvo, cuando se internaba en Moura
(no llegó a Moura) -Concha Zardoya conjeturó que lo detuvieron
en Vila Verde de Fíchalo, por ello en desagravio se erigió allí
un monolito, pero no es así según Juan Guerrero Zamora- y
el día 4 de mayo de 1939 lo entregaron a la policía española en
Rosal de la Frontera (Huelva) a cambio de veinte duros,
seguramente por gastos de manutención y transportes. Y
«estrechado a preguntas», según las diligencias, le interrogaron
durante cinco días. Ingresó en la prisión de Torrijos,
Madrid, el 18 de mayo.
Elvio Romero, escribe en el
Prólogo de la Edición de Lautaro, MH Destino y Poesía,
Buenos Aires de 1958: «Ocho días duraron las vejaciones y las
interrogaciones infamantes en Rosal de la Frontera. Fuerte
siempre, sin que haya sufrido suplantación su firmeza ni su
pujanza, comienza a cobrar conciencia de lo que le esperaba;
abarca con una sola mirada lo que la prisión tiene de sobrante
tiniebla y de malos momentos». |
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Últimos días de
Miguel Hernández, por Ramón Fernández Palmeral
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Pasaron las primeras
diligencias al Juzgado Militar permanente nº 5,
Rodicio Arias, se inhibe, según Gutiérrez Carbonell
(pg.14), al Juzgado Especial de Prensa, presidido
por Manuel Martínez Gargallo, que toma bajo su cargo
el Sumario de MH, por tratarse de un periodista.
Ante la falta de libertad de expresión había un
Juzgado Especial de Prensa para estos temas llamados
de imprenta. Se le instruye: «procedimiento
sumarísimo de urgencia nº 21.001, constará de unas
75 páginas.» Nos dice Carbonell que este tipo
de procedimientos sumarísimos se amparaban en el
Código Penal Militar, artículo 649 y Decreto
11-04-1931, que se volvió a regular en 1936, y se
amplió a todo los delitos derivados del Movimiento
Nacional. El procesado permanecía preso (art.
653-1º). Este procedimiento sumarísimo vulneraba el
derecho de defensa, porque era secreto, el defensor
era militar y no intervenía en el previo al
Juicio Oral. El mismo Instructor es quien realiza el
Auto resumen de calificación. El Tribunal no
tenía independencia. |
Pide Miguel a
Josefina que tome su defensa el abogado oriolano Juan Bellod
Salmerón, que no se hizo cargo de su defensa, aunque sí le avaló
con una carta «generosos sentimientos y honda formación
religiosa» desde Valencia. Luego a través de Eduardo Llosent, le
puso en contacto con el abogado sevillano Diego Romero Pérez
empezó a preparar los autos de la defensa, y empezó a buscar los
avales o documentos de buena conducta, según la declaración
indagatoria de Miguel ante el Juez Especial de Prensa, entre los
que nombró, figuran: Cossió, Bellod, Luis Almarcha, Ernesto
Giménez y Rafael Sánchez Maza. El 14 de julio la alcaldía
de Orihuela envía un informe negativo de Miguel «tendencias
izquierdistas». El 15 de septiembre del 39, de forma
inexplicable, es puesto en libertad en la Prisión de Torrijos,
quizá por la mediación de Cossío, y poco probable lo de la
intermediación del cardenal francés Baudrillart con Franco.
En Madrid estuvo en casa del escultor Víctor González Gil
y se entrevista con Eduardo Llosent en un hotel (en mayo había
sido nombrado director del Museo de Arte Moderno), acude también
a la Embajada de Chile, Carlos Morla Lynch le ofreció asilo,
pero Miguel no aceptó y regresa a Cox a ver a su mujer y a
su segundo hijo Manuel Miguel (Cuqui) que por entonces
tenía nueve meses, y el día 29, día de San Miguel, es detenido
otra vez en Orihuela por el «Patagorda» y encarcelado en el
Seminario de esa ciudad, su padre no subió a verle, pasó a
la prisión del Conde de Toreno el 3 de diciembre. El 18 de enero
40 el Consejo de Guerra le pide pena de muerte. El 15 de
septiembre del 40 ingresó en la prisión de Palencia, pide
a su mujer que vaya a visitarle, allí sufrió una neumonía,
ingresa en la prisión Yesería, el 29 de noviembre ingresa en la
prisión de Ocaña, donde escribe a Josefina
Sigo haciendo turismo...
Creación poética en la
cárcel.-
Este periodo de desgracias y desventuras de
Miguel, es pesimista por la prisión, por la muerte de su primer
hijo, la condena a muerte, la enfermedad, las ansias de libertad
y en especial la ausencia de los suyos. Cancionero y
romancero de ausencias (1938-41), es el título a una
serie de poemas de la experiencia que no fueron publicados hasta
después de su muerte, cuyo especialista es José Carlos Rovira
(Aproximación crítica, I.E.A., 1976). Leopoldo de Luis y
Jorge Urrutia (Cátedra nº197,1998). los primeros
setenta y nueve composiciones se lo entregó Miguel a Josefina en
septiembre de 1939, cuando fue puesto en libertad de la prisión
de Torrijos. Después ya preso, algunos poemas salieron de la
cárcel en un sistema muy curioso, ocultos en la tapadera de una
lechera u hortera, donde Josefina le lleva alimentos. Comenzó a
escribirlos a modo de diario en octubre del 38, a partir de la
muerte de su primer hijo Manuel Ramón (10 meses). Nos recuerda
Manuel-Roberto Leonís en su conferencia «En torno al universal
poetas Miguel Hernández», (Campello 2003), que el soneto
«Ascensión de la escoba», lo escribe en la cárcel de Torrijos,
sancionado por no cantar con atención suficiente «El Cara al
Sol», lo cantaban tres veces al día, es castigado a barrer
durante una semana toda la galería, por ello es héroe entre
aquellos que afronta la basura (v.2). Aunque uno de los
poemas más patéticos y conocidos sea «Nana de la cebolla»,
cuando dice en la cuna del hambre/ mi niño estaba/. Con
sangre de cebolla se amamantaba/. Donde llega a torpedear
los más acorazados corazones.
Quizás el tríptico de
poemas reconocida por Juan Cano Ballestas (Cátedra nº 2,1991).
como «lo más conmovedor y logrado de la poesía amorosa de M.H.»
sea «Hijo de la luz y de la sombra» (unas serie de borradores
aparecidos en Seis poemas inéditos y nueves más, edición
de Vicente Ramos y Manuel Molina, Alicante,1951). Javier Herrero
considera a la «noche» o «sombra» como la expresión de una
«voluntad cósmica» (nota 69 Cátedra 2,1991) Aunque a nuestro
parecer, la «sombra» se refiere al lugar donde van los seres que
se han ido, «nido cerrado» (v.1, serventesio 10) pero dejan sus
presencias como ya pintó, años después, la pintora alcoyana
Polín Laporta con sus descabezadas. Y la «luz» como la esperanza
de una nueva vida posible «la gran hora del parto»
(v.1,serventesio 7).
Muerte.-
Fue condenado a pena de muerte como ya se ha dicho, el 18 de
enero del 40, por lo que llama Gutiérrez Carbonell
«rebelión invertida», «la calificación de estos casos como
delito de rebelión militar es aberrante; además se aplicó
retroactivamente». Entre lo hechos probados se le llamó «poeta
de la revolución». La Ley que se le aplicó a Miguel estaba
recogido en el artículo 237 y 238-2, del C.J.Militar, de
1898, y un Decreto modificación del 2 mayo de 1931, de la propia
II República. Es decir, le aplicaron una ley
anterior a la guerra civil. Increíble pero cierto.
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Luego, la pena de muerte le
fue conmutada a treinta años, y posteriormente, un año más tarde
por la de veinte años y un día de reclusión mayor y accesorias
correspondiente a esta pena, tal y como se recoge en
el fragmento del documento que se adjunta (facilitado por el
Archivo Militar de Guadalajara): La propuesta 12.443 de la
Comisión Provincial de Examen de Penas de Madrid, de fecha 18 de
marzo de 1943. El Expediente penitenciario que consta de
sesenta (60) documentos se halla actualmente en la Fundación
Cultural Miguel Hernández de Orihuela. |

La propuesta 12.443
de la Comisión Provincial de Examen de Penas de
Madrid, de fecha 18 de marzo de 1943 (Colección del
autor) |
El Penal de Ocaña tenía una
superpoblación de presos, la mayoría enfermos, en mayo tiene
fuertes dolores de cabeza a consecuencia de una bronquitis,
sueña con su traslado a Alicante, cerca de su familia, el 29 de
junio de 1941 ingresa en el Reformatorio de Adultos de Alicante
(actual edificio de los Juzgados de Benalúa) hasta su muerte
ocurrida el sábado Santo 28 de marzo de 1942, a la 5.30 de la
mañana, en la enfermería del Reformatorio de Adultos a causa de
un cuadro de tuberculosis aguda -fimia pulmonar-. Ramón Pérez
Álvarez entregó al oficial Antonio Illán los objetos
personales. Nada se hizo por salvarle, el jefe médico
doctor Pérez Miralles solicitó su traslado al Hospital
Provincial de Alicante, los cuidados médicos eran nulos. Se
solicitó su traslado al Sanatorio de antituberculosos de Porta
Coeli, Valencia. El pintor alcoyano Abad Miró buscó al
doctor Antonio Barbero y un aparato de rayos X portátil para que
fuera reconocido en la enfermería. En ese mismo lugar se casó
por la iglesia con Josefina el 4 de marzo de 1942.
Sus restos mortales
descansan actualmente en el cementerio municipal Nuestra Señora
de los Remedios de Alicante. En 1952 se cumplía los primeros
diez años de la muerte del poeta y el plazo de la sepultura
provisional, había que comprar el nicho a perpetuidad, de lo
contrario los restos mortales de poeta hubieran ido a la fosa
común, al olvido eterno. Josefina Manresa acude como
siempre a Vicente Ramon y Manuel Molina, ya que no disponía de
las 2.042 pesetas que costaba la licencia municipal y el nicho
en propiedad. Ramos y Molina acuden a sus amigos de
Madrid: Buero, Celaya, Aleixandre, Cela, en suscripción nacional
y en dos meses reúnen el dinero para comprarlo. «La respuesta,
felizmente, es masiva y el 29 de enero de 1952- escribe Luis
Beresaluze (2004, p.65)- pueden presentarse en el Ayuntamiento y
pagar los derechos y las correspondientes 2.042 pesetas».
Le dan el nicho el número 1.009, el epitafio tan simple
como verdadero: POETA, lo pintó Miguel Abad Miró. Parece ser que
ni Josefina ni Josefa Escolano contaron después la verdad,
la iniciativa se la atribuyeron de Gabriel Celaya. Josefina no
quiso que se supiera que el nicho fue pagado de esta forma por
suscripción popular.
Hoy día los restos mortales
reposan en una sepultura con lápida de mármol blanco, donde
también están enterrados: su hijo Manuel Miguel fallecido en
1984 y Josefina Manresa en 1987.
¡Descansen todos en paz!
Ramón Fernández Palmeral.
Alicante, 19 de marzo 2005
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